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Jenofanes

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JENOFANES

Nació probablemente en el 370 a C en Colofón ciudad de Jonia (Asia menor) se dedico a recorrer todo el territorio de la magna Grecia, Italia, Silícea y sobre todo recitando como un rapsoda errante con sus propias composiciones en versos crítica las costumbres y creencias de los Griegos.

Fundador de la Escuela Eleática, su arke de las cosas es la “Tierra” de la cual salen y a la cual vuelven todas las cosas “De la tierra procede todo y todo termina en ella “

Los vivientes nacen del fango es decir de la tierra mezclada con agua. Critica el politeísmo antropomórfico, Propone creer en un Dios eterno, inmutable, inteligente. Dice que no es posible conocer la verdad en su pensamiento aparece la contraposición entre verdad y apariencia, entre certeza y opinión, murió a los 95 años 

    Clases de Filosofía

Jenófanes de Colofón (en griego Ξενοφάνης) (nacido entre el 580 - 570 a. C. - muerto entre el 475 - 466 a. C.) Poeta satírico y filósofo griego. Fue, principalmente, un pensador crítico de las convicciones religiosas tradicionales imperantes en Grecia, principalmente derivadas de la épica homérica y de la Teogonía hesiódica.

Aristóteles, en una sección de la Metafísica donde recoge opiniones de pensadores anteriores sobre la doctrina de las causas, dice: "En cuanto a Jenófanes, que sentó antes que estos [Parménides y Meliso] la doctrina del Uno, (...) no aclaró nada (...) Estos deben ser omitidos en la investigación; dos de ellos, Jenófanes y Meliso, totalmente, por ser demasiado rústicos".[1] Teofrasto lo excluyó de la lista de fisiólogos estudiada por él. Y si bien Jaeger, en su Teología de los primeros filósofos griegos indica que "En lo esencial fueron sus obras perfectamente afilosóficas",[2] también dice que "solo como teólogo puede realmente entendérsele",[3] y pondera "la enorme influencia de Jenófanes sobre el desarrollo posterior de la religión";[4] mientras que Burnet dice que "se habría reído si hubiera sabido que un día se le iba a considerar como teólogo".[5] De lo que se puede concluir que las opiniones antiguas y modernas sobre la importancia y características del pensamiento de Jenófanes es muy dispar.

No nos ha llegado ninguna obra completa de Jenófanes, y es probable que ya en la antigüedad gran parte de sus obras estuviesen perdidas.

Diógenes Laercio menciona como suyos dos poemas épicos, la Fundación de Colofón y la Colonización de Elea en Italia[8] de los cuales nada se conserva. Los doxógrafos indican que escribió sátiras[9] . Fuentes tardías[10] le adjudican una obra con el dudoso título περι φυσεως, "Acerca de la Naturaleza". Los estudiosos están de acuerdo en negar la veracidad de estos últimos testimonios.[11] . Lo que nos ha llegado de la obra de Jenófanes son citas de autores posteriores: Aristóteles, Diógenes Laercio, Sexto Empírico Simplicio, Ateneo de Náucratis, Hipólito, Aecio, Clemente de Alejandría, y otros autores y escoliastas.

La filología moderna ha editado los fragmentos conservados de las obras de Jenófanes tanto en recopilaciones de fuentes de poetas elegíacos como en colecciones de fuentes de filósofos presocráticos.

El total de lo conservado es de unos 120 versos. Desde el punto de vista métrico, utilizó la forma elegíaca (hexámetro mas pentámetro), o el hexámetro puro, mientras que hay un caso de trímetro yámbico: DK 21 B 14, 1

Además del reducido número de escuetas composiciones que nos han llegado, destacan 2 grandes poemas de 24 y 22 versos que nos muestran sus preocupaciones e intereses.

En el primer poema (DK 21 B 1), Jenófanes describe de manera detallada la preparación y realización de un banquete, intercalando una critica a la concepción tradicional acerca de los dioses, proveniente de Homero y Hesíodo.

"Pues ahora limpio está el suelo y las manos de todos y las copas; uno dispone alrededor coronas trenzadas, otro extiende oloroso perfume en una vasija; una crátera se yergue llena de alegría; hay vino preparado, que dice que nunca faltará, suave, que huele a flores en las vasijas; el incienso exhala en el medio un sagrado aroma, el agua está fría, dulce y limpia, están dispuestos rubios panes y una venerable mesa cargada de abundante queso y miel; el altar de en medio está cubierto por todas partes con flores, canto y alegría conquistan toda la casa. En primer lugar, es necesario que los buenos hombres canten un himno al dios con historias elogiosas y palabras limpias, libando y jactándose éstos de poder hacer lo justo-pues eso es lo más natural-, no hay soberbia en beber cuanto no te impida llegar a casa sin un esclavo, no siendo un anciano; y alabar a aquel de los hombres que bebiendo muestra lo bueno, así la memoria y la medida acerca de la virtud, no ocupándose de batallas de Titanes, ni de Gigantes, ni de Centauros, fábulas de los antepasados, o violentas luchas- nada valioso hay en éstas. Conviene tomar siempre una consideración buena de los dioses."

En el segundo poema (DK 21 B 2) se trata la preeminencia de la fuerza física (ejemplificada en los certámenes deportivos) sobre la sabiduría: los conciudadanos de Jenófanes parecen tener en mayor estima a los vencedores en los certámenes que a los intelectuales. Tras mencionar la supuesta superioridad de los triunfadores en las diferentes pruebas atléticas, Jenófanes sentencia: "Mi sabiduría es mejor que la fuerza de hombres o caballos. Pero en vano se practica esto, no es justo preferir la fuerza antes que el buen saber". A continuación continúa criticando dicha preferencia: "No por eso estaría la ciudad mejor gobernada. [...] Pues eso no engorda los almacenes de la ciudad".

Doctrinas y creencias científicas [editar]

De sus escasos fragmentos conservados es posible reconstruir su audaz y aguda crítica del antropomorfismo de la religión griega: si los animales pudieran dibujar, dice Jenófanes, los dioses tendrían forma animal, puesto que cada uno representa a los dioses a su propia imagen y semejanza.

Jenófanes se rebeló contra la concepción de la cultura como un don de la divinidad y dijo: "A los mortales no se lo enseñaron los dioses todo desde el principio, sino que ellos, en su búsqueda a través del tiempo, van encontrando lo mejor". Es decir, los hombres construyen el conocimiento. También se enfrentó con la escala de valores tradicionales, que daban lugar prominente a la fuerza; afirmó que la sabiduría es superior a la fuerza, a la belleza y a la destreza. Su poesía critica y satiriza un vasto espectro de ideas, incluyendo la creencia en el panteón de los dioses antropomórficos y la veneración de los griegos por los Juegos Olímpicos.

En el campo religioso suscitó una importante polémica en torno al politeísmo y la concepción antropomórfica que los griegos tenían de los dioses. Así, se burló de Hesíodo y Homero por cuanto, según él, habían transferido a los dioses los peores atributos de los hombres, y propuso sustituir esta concepción tradicional por la idea de un dios único (monoteísmo), indivisible, de naturaleza radicalmente distinta a la humana. Su dios es todo ojo, todo oído, todo conocimiento, todo logos (razón), no creado e inmortal. Despojando sus ideas del carácter religioso con que fueron presentadas, las bases de un nuevo punto de vista en la solución al problema del Universo aparecen ya planteadas en sus textos, aunque serían finalmente sistematizadas en el pensamiento de Parménides.

De esto podemos destacar su sátira en la crítica de lo establecido, a su vez ironizaba sobre los dioses antropomorfizados (que actuaban y tenían facciones humanas), en su opinión las leyendas de los poetas eran responsables de la corrupción moral de sus tiempos: «Homero y Hesíodo adjudicaron a los dioses todas las cosas que son una vergüenza y una desgracia para los mortales, los robos y los adulterios y defraudar a los demás». Al observar que otras civilizaciones también tenían dioses que se les parecían (que los etíopes tenían dioses negros) comenzó a ironizar diciendo que si los leones tuvieran manos capaces de hacer arte seguramente sus dioses tendrían cuatro patas y cola.

De esto podemos destacar, también, su opinión sobre la existencia de un sólo dios, que abarcaba todo el mundo al mismo tiempo, que no necesitaba movilidad, ya que tenía una percepción del mundo total y absoluta, que era incorpóreo y esférico, como el Universo: una suerte de dios-cosmos; a su vez este dios también era eterno, ya que si hubiera existido un tiempo en el que nada existía, nada podría haber salido de él. Así, a él corresponde, probablemente, la primera formulación de la omnipotencia divina. Jenófanes asumía al dios único como una existencia de hecho, mas no, como un culto particular.

En la antigüedad, un pensador era considerado tanto un filósofo como un sabio. Jenófanes, como los demás pensadores griegos, propuso su propia concepción del mundo: una cosmología y explicaciones sobre los fenómenos de la naturaleza.

Para Jenófanes, la Tierra es infinita y no flota en el agua, como pretendía Tales, ni en el vacío, como quería Anaximandro, sino que no tenía límites, ni por los lados, ni por debajo, extendiéndose en todas direcciones. Los astros eran nubes incandescentes y su movimiento, rectilíneo. Cada noche, se apagaban en el mar, o en el desierto, por lo que veíamos siempre soles diferentes, habiendo una infinidad de ellos. Según él, el mundo estaba aislado de la Tierra, y algún día volvería a ella. De momento, estaba hecho de una mezcla de tierra y agua, con estados intermedios que formaban el barro.

Para probar las imbricaciones de ambos elementos, tuvo la idea de hacer referencia a los fósiles de las plantas, moluscos y peces, encontrados cerca de Siracusa. Jenófanes atribuía la presencia de conchas petrificadas lejos del mar y la huella de peces en las canteras de Sicilia a que el mar había recubierto antaño los continentes.

Estas consideraciones no deben ser juzgadas únicamente por su valor científicio; lo que es importante es la naturaleza del problema que Jenófanes supo ver, más que las explicaciones que propuso a guisa de respuesta.

wwww.wikipedia /jenofanes/.com

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